Quizás te puedas ver reflejado o reflejada en alguna de estas situaciones:
El miedo me limita en las cosas que deseo hacer, bien sean sobre mi proyección laboral, o en mis hobbies, o en asuntos familiares o de relación… Siento que me invade, o me paraliza.
La tristeza no me deja disfrutar. Me aleja del resto, me siento extraña o rabiosa ante otras personas a las que veo felices, me genera angustia… No tengo ganas de hacer nada, todo me resulta cuesta arriba.
Me siento responsable de muchas cosas que pasan a mi alrededor, aunque sé que esto no tiene sentido. A veces me siento muy culpable y esto me genera un nudo en el estómago. Siento que puedo hacer daño.
Desde mi cabeza lo veo todo claro, pero algo no me deja avanzar, aun así me siento mal, no comprendo por qué me siento así… Debería saber salir de esto por mi cuenta.
Hay situaciones en las que no puedo contenerme. Salto, con ironía, o con un grito, o hablando mal. A veces siento que me tengo que defender de muchas cosas. Esto me genera conflictos con las personas a las que quiero. Luego me puedo sentir mal por haber hecho daño, o puedo quedarme con una sensación de rabia que no se me pasa fácilmente.
Me siento muy pequeño y con falta de seguridad en las relaciones. Estoy demasiado pendiente de lo que el resto pueda pensar de mí, lo que dificulta que me relacione tranquilamente y con confianza. Siento como si estuviera auto-observando mi forma de relacionarme y esto me hace sentir artificial, poco natural.
Doy mucha más importancia a lo que quiere u opina el otro, frente a lo que puedo pensar o querer yo, que se queda en general en un segundo plano. Esto me hace sentir pequeña y hace que no atienda lo que yo necesito, e incluso a veces ni puedo identificar qué quiero, qué necesito o qué me gusta.
Experiencias como estas, dificultan nuestro bienestar y nos pueden generar mucho sufrimiento. En nuestro cotidiano escuchamos términos como depresión, ansiedad, trauma, duelo… Bien tengamos un diagnóstico o no, debemos atender estas dificultades y consultar con profesionales sanitarios de la medicina o la psicología
Sentir desesperanza, vacío, tristeza intensa, no poder disfrutar con aquellas actividades con las que antes se disfrutaba, alteraciones del sueño, sentirse sin fuerza o con dificultades para concentrarse son algunos de los síntomas que pueden indicar que se está sufriendo una alteración del ánimo de tipo depresivo. Mucha gente piensa que para tener un diagnóstico de depresión debe haber pasado tiempo con síntomas depresivos, pero debes saber que, según los criterios diagnósticos que se utilizan en la actualidad en lo que se refiere al tiempo, basta con un mínimo de dos semanas para diagnosticar un trastorno depresivo.
La ansiedad y/o el estrés nos paraliza, o nos hace evitar estímulos o situaciones, nos provoca una preocupación excesiva difícil de controlar, síntomas como palpitaciones, sudoración, temblores, dificultad para respirar, sensación de mareo, miedo a perder el control y/o a morir… Todos ellos pueden ser síntomas relacionados con los trastornos de ansiedad.
El duelo es una respuesta natural a la pérdida. En este contexto incluímos las pérdidas por la muerte de un ser querido, las rupturas de relaciones, la pérdida del trabajo, de capacidades físicas o cognitivas, de la pertenencia a colectivos… Como ves, el duelo se extiende más allá de la pérdida de seres queridos o rupturas. En ocasiones trae un sufrimiento intenso que, si sentimos que no es sostenible o que no tenemos recursos para afrontarlo, es bueno que pidamos ayuda. El duelo no se cura con el tiempo. Es un proceso dinámico en el que están implicadas decisiones y distintos recursos.
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